¡Consuela a mi pueblo! (Is 40,1)


¡Consuela, consuela a mi pueblo! (Is 40,1) es una palabra que comienza con un verbo imperativo, porque es un grito, es una urgencia, es una llamada, que nos interpela a realizar el mayor y primer servicio que podemos darle a una persona humana: ¡el de dejarle a Dios en el corazón!; porque cualquiera que sea su circunstancia vital si tiene a Dios en su vida todo lo podrá en aquel que lo conforta. (Flp 4,13)

Hemos querido acoger el servicio de la consolación como recuerda San Pablo a las primeras comunidades en sus viajes apostólicos.

De hecho su misión se identifica con la consolación de Dios a su pueblo sintiéndose portador de un consuelo profundo que él proyecta en su ministerio.

A imitación de María cada uno de nosotros debe de mostrarse como el lugar de la consolación de Dios.

Nuestro apostolado será compartir contigo una reflexion que nos recuerde cuan grande y personal es el amor de Dios por cada uno de sus hijos, en estas sencillas publicaciones deseo que encuentres consolación para que tú al igual que nosotros, lleves el evangelio de la consolación a otros hermanos. Ayudanos a llegar a más. 

Confío que a lo largo de esta travesía tu vida quede llena del amor de Dios.

Tu Amigo, Daniel Espinoza
¡Consuela a mi Pueblo! Blog